19 de diciembre de 2014

Otra RSE es posible




Acostumbrados a diarios escándalos políticos y financieros, de corporaciones y medios de comunicación e instituciones por citar los más recientes de una larga lista, corremos el riesgo de quedar inmunizados ante la avalancha de realidad que refleja la verdadera esencia humana y su comportamiento social. Tomas Hobbes, en el siglo XVII escribió su Leviatán y, ya entonces, nos había descrito con la conocida frase "homo homini lupus". La locución fue creada por el comediógrafo latino Plauto (254-184 a. C.) en su obra Asinaria, y describe ese afán humano por destruirse a sí mismo. En todos los tiempos y todas las épocas, los hombres han encontrado además en el grupo social, en la masa, el amparo ideal para atacar a sus semejantes y, en la medida de lo posible, transformarlos, dominarlos o cuando la subyugación no es posible, eliminarlos.

El ser humano tiene la característica de ser un animal gregario, y de ello probablemente se deriva una gran parte del éxito de la especie y de su propia supervivencia. Sin embargo, y no es menos cierto, la masa reclama un cierto grado de sumisión y, a veces, de estupidez individual. Para comprobarlo solo hay que observar de qué cosas somos capaces actuando en grupo y preguntarnos si lo haríamos igualmente al estar solos frente al espejo o confrontados a solas con el mismo objetivo, o si por el contrario, saldríamos espantados por el ridículo observado en nuestras propias sombras proyectadas en el suelo o simplemente por el miedo al no sentir el calor del colectivo a solas con el enemigo.
                                
Una confusión detrás de otra
Vivimos tiempos donde la ceremonia de la confusión es asumida por la masa sin rechistar, en los que la figura del líder no es cuestionada, la ideología impera sobre la voluntad y la razón queda relegada a un segundo plano. Esto ocurre igualmente en materia de responsabilidad social empresarial, una disciplina académica en manos de la ideología política. En fechas recientes, un eurodiputado, una vez más sacaba pecho presumiendo de promocionar políticas de responsabilidad social en Bruselas, y eso está bien. El problema es que lo hace desde un partido inmerso en innumerables causas de corrupción con cientos de imputados por los delitos más antisociales que cabe imaginar. Sin embargo, no creo que a nadie le haya pasado por la mente decirle, "¿Por qué no empiezas por barrer tu casa ya que te gusta tanto la responsabilidad en las organizaciones?", pues seguramente porque estaría mal visto en la casta de nicho (CASTARSE). Sin embargo, lo que si es habitual es culpar a quienes no forman parte del grupo ideológico cercano, por ejemplo culparles de no hacer aquello a lo que la ley no les obliga, sé que suena como un oxímoron pero debe ser divertido porque cada vez es más frecuente la exigencia de que las empresas hagan lo que algunos dicen, aunque no tengan por qué hacerlo, y ojo hablamos de exigir, no de pedir amablemente que sería lo educado, no, no, exigir virulentamente, sin recapacitar en las consecuencias lógicas provocadas en los interpelados y que no son otras que hacer cada día la muralla más alta.
Los medios de la confusión
No parece lógico que si desde un determinado sector o grupo social se quiere solicitar algo a determinado colectivo, por ejemplo a las empresas, para que lo realicen de forma voluntaria porque es un bien para la sociedad, los medios a usar sean: activismo anti-empresa, anti-capitalismo, boicot, acusaciones infundadas, acritud y escasas habilidades de diálogo. ¿Qué se espera conseguir de este modo? ¿Acaso se pretende que las empresas y corporaciones se asusten y tras unos golpecitos en el pecho entonando el "mea culpa" amanezcan puras, limpias, castas y responsables? Si esa es la intención, la estrategia no dará resultado.
La responsabilidad social no avanza, probablemente porque se encuentra huérfana y escasa de publicaciones académicas y contenidos innovadores que ayuden a las empresas a comprender mejor los beneficios y el retorno de políticas estratégicas basadas en el desarrollo sostenible, de soluciones para implementar actuaciones y planes respetando el entorno y la sociedad en la que opera y recibiendo a cambio el reconocimiento, la aceptación y la mejora de la reputación. Lo incomprensible es que todo ello es posible, existen bastantes herramientas y, en algunos casos, están siendo implementadas, pero seguramente es el discurso divulgativo el que se encuentra secuestrado y no permite ver más allá del perenne ruido instrumental de la moralina. Lo que prolifera, sin duda acentuado por la actual situación de crisis, es un sin fin de impactos en las redes sociales y otros medios de difusión utilizando la responsabilidad social como arma arrojadiza desde posiciones que mejor harían en comenzar por hacerse una autoevaluación responsable.
La confusa moralina
La moralina ha ganado la batalla de manera aplastante en una buena parte de la responsabilidad social. No es posible abanderar altos valores éticos perteneciendo a grupos o colectivos en los que se práctica el sectarismo, se crean células con ánimo pandillero para influenciar negativamente a terceras organizaciones, se miente y manipula con descaro o se utilizan medios de organizaciones sin ánimo de lucro o asociaciones para enriquecerse o hacer negocios lucrativos utilizando la información disponible, no obstante, es algo habitual, y en este sector funciona como lo hace en aquellos otros que mencionaba al principio del artículo. Aún así, es posible y deseable que gracias a este aire regenerador que comienza a soplar las cosas vayan cambiando. Se puede engañar a todo el mundo una vez y a muchos algunas veces, pero lo que no se puede es engañar a todo el mundo todas las veces. Las influencias hay que ejercerlas de forma positiva, es cuestión de sentido común, los adalides de las influencias negativas nunca han terminado por triunfar en sus cometidos porque nadie quiere estar continuamente recibiendo impactos biliares del prójimo por muy amigo que lo considere.
Otra RSE es posible
Defiendo la teoría de que la disciplina denominada RSE (Responsabilidad Social Empresarial), tiene mala suerte nominal y que, como consecuencia de ello, un ingente número de defensores o allegados a la misma simplemente tocan de oído. Me baso, en el hecho de que muchos de mis alumnos, algunos de los cuales llevan algún tiempo interesados en el tema, comienzan las clases sin tener claros conceptos y diferencias simples como pueden ser las existentes entre acción social, filantropía, marketing con causa o activismo político, cuestiones respetables todas ellas pero que, o no son responsabilidad social, o incluso nada tienen que ver con ella. El problema es probablemente de semántica... de ese momento en el que una persona dice o piensa, lo responsable es... y emite un juicio u opinión personal y, a partir de ahí, lo convierte en dogma y en lo que las organizaciones deberían hacer según su criterio. Comprenderán que desde ese punto de partida hasta la tremenda confusión actual solo hay un paso. Lo que las empresas deberían hacer está bien definido y articulado en guías como ISO 26000, en la bibliografía académica relativa a la RSE, en los modelos de medición y reporting editados por entidades solventes y acreditadas y, por lo tanto, no parece necesario estar redefiniendo a cada momento lo que deberían hacer las organizaciones. Por otro lado, lo que deben hacer las empresas está en la ley, y si falta algo siempre se puede legislar si se tienen los apoyos necesarios.
La responsabilidad social necesita profesionalizarse y conforme la demagogia se vaya jubilando es lo que probablemente ocurrirá. Muchas aves de paso terminarán por dedicarse a otra cosa, dado que al contrario que con otras modas como el coaching, la RSE es una materia académica acreditada, solvente, con un gran número de cátedras universitarias que investigan en ello y publican con calidad y que, dicho sea de paso, nunca pisaron los gurús de la moralina ni probablemente hubieran sido admitidos visto lo visto de su producción ética e intelectual.
La sociedad necesita que las organizaciones sean socialmente responsables, pero desafortunadamente será un proceso más lento del que sería deseable, debido al panorama en el que incomprensiblemente nos encontramos.


Sociólogo, MBA, Postgrado en Sostenibilidad y RSC. 
Director General de SOANDEX, firma consultora especializada en #RSE y #Sostenibilidad, creador del portal empleaRSE.es (@rsempleo) y Presidente de ADRES, asociación sin ánimo de lucro cuyo objetivo es innovar en los instrumentos de conocimiento y difusión de la RSE.

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