12 de diciembre de 2011

Persistencia: el motor del cambio





"Si hoy fuese el último día de mi vida, 
¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? 
y si la respuesta era No 
durante demasiados días seguidos, 
sabía que necesitaba cambiar algo"

Steve Jobs



Esta reflexión de Steve Jobs, que leemos a tan pocos días de su sentida desaparición física, nos motivó a escribir un post un tanto diferente a los anteriores, que nos permitiera hacer una suerte de autoevaluación crítica acerca de cómo asumimos nuestro proceso de adecuación al cambio, de cara a la consecución de las metas, objetivos o desafíos que nos hemos impuesto en cada una de las diferentes etapas que atravesamos en nuestras vidas, las cuales condicionan de una manera determinante tanto nuestro comportamiento como la apreciación de las situaciones que se nos presentan en cada una de ellas.

No son pocas las ocasiones en las que todo pareciera salir justo del modo inverso al que las planificamos, en algunos casos positivamente cuando exceden nuestras expectativas o probabilidades de éxito, pero en otros dejando un amargo sabor cuando dan al traste con nuestros planes y/o proyectos, imprimiendo en nosotros un sentido de frustración, de desmotivación e impotencia que, de no ser manejado adecuadamente, puede conducirnos a asumir una conducta derrotista, desenfocada de la realidad, que nos impide evaluar objetivamente otros horizontes u opciones alternativas para orientar nuestros planes de vida. Si tomamos como punto de referencia a Steve Jobs para soportar esta reflexión podemos encontrar que a lo largo de su vida, en cada uno de los momentos de caída o de éxito que le tocó atravesar, siempre mantuvo un elemento constante que le permitió seguir en pie, dispuesto permanentemente a lograr sus metas: ¡persistencia!

Esa persistencia, unida a sus especiales habilidades para la creatividad, la innovación, así como la inconformidad o insatisfacción que siempre demostró frente a las conductas estereotipadas que frenan la expansión del conocimiento y el desarrollo integral de las capacidades y el talento personal, hicieron de él una mezcla explosiva de liderazgo visionario, emprendedor, que supo adecuarse  (...y adelantarse) a las realidades y exigencias del entorno para encontrar el éxito en cada situación, lo que le llevó a ganarse la admiración de muchos y el odio de otros a lo largo de su corta vida.

No resulta exagerado expresar, a riesgo de que se nos tilde como fanáticos, que todos llevamos dentro de nosotros un Steve Jobs que nos mueve a plantearnos metas, a desarrollar y mantener principios que, a pesar de los cambios que pueda experimentar el entorno en el que nos desenvolvemos, permiten unir los diferentes puntos de nuestras respectivas dimensiones dentro de una visión compartida, brindándonos una razón de ser, una plataforma de apoyo sobre la cual estructurar nuestro propio direccionamiento estratégico personal para alcanzar los objetivos y metas que nos hemos trazado como horizontes. Aún en sus últimos momentos, cuando sus capacidades físicas no le acompañaban al mismo nivel de energía intelectual, emprendedora y visionaria que siempre le caracterizaron, Steve se mantuvo fiel a sus principios, aferrándose a ellos con pasión, amando siempre lo que hacía hasta el punto de volverse cada día más exigente consigo mismo y con todos quienes le rodeaban, convencido de que esa persistencia  era precisamente lo que distingue a los emprendedores con éxito de aquellos que se dan por vencidos en los momentos más duros de sus vidas, sin ver más allá de las dificultades asociadas a los nuevos retos, como olvidando que aún cuando todo proceso de cambio puede resultar una tarea traumática también nos brinda una excelente oportunidad para repensarnos, para hacer una autoevaluación crítica de nuestro amor propio,  autoestima, moral, autoconfianza y la capacidad para enfrentar y adecuarnos a las nuevas situaciones, dejando a un lado todo aquello que nos ancle al pasado y nos impida prepararnos para lograr el éxito.

Bien lo expresaba Steve en su célebre discurso pronunciado, el 15 de junio de 2005, en la Universidad de Standford, California: "Tu tiempo está limitado. No lo desperdicies viviendo el sueño de otra persona. No te dejes arrastrar por los dogmas, que es lo mismo que vivir con los resultados del pensamiento de otras personas. No dejes que el ruido de las opiniones de otros ahoguen completamente tu voz interior. Y más importante, ten el valor de seguir a tu corazón y a tu intuición. Ellos, de algún modo, ya saben en lo que verdaderamente te quieres convertir. Todo lo demás es secundario".

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