29 de septiembre de 2010

Estrategia, Sostenibilidad y RSE



Durante algunas discusiones recientes promovidas en la red por el Nodo Digital de la Responsabilidad Social Empresarial (NodoRSE) sobre la aplicación de los estándares del Global Reporting Initiative (GRI) para la presentación de los reportes de sostenibilidad, así como la reciente aprobación de la Norma ISO 26000 como marco normativo internacional sobre los principios, prácticas y temas relacionados con la RSE que puedan ser aplicados a todo tipo de organizaciones, muchas de las opiniones coincidieron en señalar que tanto el GRI, la ISO 26000 como cualquiera otro esquema desarrollado a tal fin deben ser considerados como marcos referenciales de aceptación universal, como valiosas guías metodológicas y herramientas de soporte que nos permitan orientar nuestros pasos, procesos y avances dentro de la estrategia corporativa de RSE, pero teniendo especial cuidado de no convertirlas en una suerte de camisas de fuerza que puedan limitar nuestras acciones sólo al cumplimiento del requisito de presentación de una memoria anual o el seguimiento, punto a punto, de cada una de las directrices de una norma, desviándonos del verdadero sentido integral que debe tener la RSE como un componente medular del ADN corporativo.  

La Responsabilidad Social Empresarial  va un paso mucho más allá, por lo que debe ser asumida como una cuestión cultural, una forma de pensar, de actuar y de entender  la interrelación con nuestro entorno social, económico y medioambiental.  Es un elemento estratégico para el logro de la sostenibilidad, del cual dependerá en buena medida la permanencia de la organización en el tiempo, su rentabilidad y crecimiento a mediano y largo plazo, al tiempo que nos permite construir una dimensión diferente en las relaciones con nuestros grupos de interés.

Durante nuestro desempeño como consultores hemos podido ver, a lo largo de los años y de cara a los diferentes enfoques y modelos de gestión empresarial presentados, cómo muchas organizaciones incurren en el mismo error: después del impulso inicial, tras adecuar su estructura, procesos, recursos y propiciar en su talento humano la necesidad de asumir el compromiso de un proceso de cambio organizacional a través del mejoramiento continuo y el fortalecimiento de sus capacidades competitivas, terminan enfocándose más en el cumplimiento de las normas, principios y particularidades de los modelos utilizados que en lograr la integración efectiva de todos los aspectos que conforman el direccionamiento estratégico corporativo. Todo proceso de cambio organizacional es complejo, pero debe ser asumido de una manera natural, lo que requiere el compromiso, la dedicación y la participación de todos los niveles de la organización, dentro de un esquema de integración basado en el trabajo en equipo, el desarrollo y el mantenimiento de una cultura corporativa comprometida con la innovación, el mejoramiento continuo y la generación de valor sostenible. 

Una estrategia de sostenibilidad no alineada con el entorno supone una mala elección de las ventajas competitivas. Los entornos cambian rápidamente y el marco estratégico siempre debe ser coherente para la efectividad del control de gestión, por lo que la adopción de una estrategia de sostenibilidad debe contener, en sí misma, la cadena de creación de valor de la organización, permitiendo su alineación con la estructura y procesos, al tiempo que debe propiciar la implantación de un sistema de gestión sostenible y la construcción de indicadores para alcanzar los  niveles de desempeño deseados, propiciando que su direccionamiento estratégico y la realidad del día a día vayan por el mismo camino, lo que hace necesaria no sólo la definición de una buena estrategia, sino el asegurar que ésta pueda ser operacionalizada y difundida entre todos los niveles de la organización, logrando una participación activa en el proceso de difusión como condición para asegurar el compromiso y la credibilidad en la estrategia.

Fases a seguir para la adopción de una estrategia de sostenibilidad

  • Identifique sus objetivos estratégicos. Incorpore la RSE y la sostenibilidad de todas sus operaciones como un aspecto medular del direccionamiento estratégico.
  • Seleccione los indicadores de sostenibilidad que conformarán su esquema de medición de gestión de RSE.  Recuerde que la discusión no debe estar centrada en cómo la empresa se adecúa a los modelos de gestión y de medición de la RSE existentes, sino en cómo éstos modelos pueden ser usados referencialmente para poder atender las realidades y necesidades propias de su empresa.
  • Adopte un esquema de alineamiento estratégico de todas las operaciones de la organización con sus objetivos estratégicos de RSE, asegurando el compromiso de la Alta Dirección y de su Talento Humano, replanteándolo en función de sus avances.  
  • Ponga en marcha su Plan de Sostenibilidad Empresarial  y de RSE.
  • Mantenga el seguimiento y revisión permanente de todos sus procesos críticos.


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